• Vaciándonos

    Recuerdo a mi abuela cuando aún era una niña como esmeradamente me enseñaba a guardar minuciosamente los objetos, las tazas de té para ocasiones especiales, la vajilla de lujo, los candelabros y pequeñas joyas que jamás utilizó. El dinero lo envolvía en un pañuelo y lo escondía, y con mucha paciencia me explicaba que tenía que ahorrar para el futuro, quien sabe, tal vez una enfermedad, una pérdida, lo iba a necesitar. Pero también guardaba objetos que nunca usaba, reliquias que logró rescatar de la inclemencia de los años, de su mamá, abuela y recuerdos familiares. Todas estas cosas llenaban sus armarios. Era imposible aventurarse en ellos. Era como prepararse…

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